Cuarto capítulo amigos!!
Beta Reader: Erica Castelo.
Capítulo 4
Había estado en este edificio pero solo una vez, cuando
recién había llegado a la universidad y me perdí buscando la biblioteca. El
campus era enorme y por cosas del destino terminé en el lugar equivocado.
Ahora, estaba en este mismo lugar por voluntad propia y con
unas ganas enormes de salir corriendo. Me estaba volviendo un cobarde por una
chica que había visto una sola vez y que probablemente a estas horas ya se
había olvidado del loco con el que se topó en la tarde.
La entrada al edificio, en donde sería la fiesta era bastante
más ordenada, que la de mi edificio, aquí los pisos estaban ordenados por
colores de una forma casi sicótica. Bueno, supongo que no por nada dicen que
los abogados son tan rígidos como una estatua, aunque podía apostar que
¿Cassie?, sí, Cassie, no encajaba para nada con esa descripción.
Dejé que Stefan me guiara por las escaleras, no fue necesario llegar al piso de la fiesta para encontrarnos con personas conversando y bebiendo de vasos plásticos, pasamos entre ellos y asentí con la cabeza al reconocer a más de uno, sé que los había visto en alguna fiesta pero si me preguntaban el nombre de cualquier de ellos, no sabía qué responder.
- Creo que esta es la habitación – me gritó Stefan al
detenerse frente a una puerta abierta donde había aún más gente.
Quise rodar los ojos pero me contuve. Aun no entendía la
gracia de hacer una fiesta en un dormitorio si al final se hacía con la puerta
abierta y la mitad de la gente estaba en el pasillo. En fin, no pensaba
compartir mis pensamientos, y menos en estos momentos, ya que dudaba mucho que
a…, miré mi reloj, más de un hora de empezada la fiesta, hubiera alguien sobrio
que quisiera escucharme.
Ni bien entramos al pequeño dormitorio perdí de vista a mi
compañero de cuarto, eso era típico, ya después me buscaría para que arrastrara
su borracho trasero de vuelta a nuestro edificio, bueno, eso si no era yo el
primero en caer inconsciente.
- ¿Dónde conseguiste eso? – tuve que gritar para que el
chico que sostenía una botella de cerveza me escuchara.
Él apuntó hacía la encimera de la pequeña cocina americana,
le di una sonrisa porque dudaba que me escuchara si le hablaba.
Solo quedaban dos cervezas de botella en un rincón de la
encimera, era obvio que el dueño de casa estaba tratando de ocultarlas, pero
supongo que si me las llevaba, nunca sabría que fui yo, además había un enorme
barril que ocupaba casi la mitad de la sala, así que sin cerveza, no se
quedaría. Destapé mi botella ayudándome del borde de una mesa y antes de que se
le fuera la espuma, le di el primer sorbo. Exquisita.
Cualquier otro día, me hubiera acercado a algún grupo para
meterme en sus conversaciones sin sentido y de esa forma pasar la noche de
forma más rápida, pero hoy no tenía ganas, así que tomé la otra botella y salí
al pasillo, toda la gente estaba hacía la escalera de abajo por lo mismo me fui hacía el lado el puesto, a la
escalera que subía al siguiente piso. Me senté en el borde y disfruté de mi
cerveza en tranquilidad.
Cuando ya me había bebido casi la botella entera, saqué, de
mi bolsillo trasero la foto de Emily que me acompañaba a todas partes, vi sus
ojos color violeta sonriéndome y su boca encantándome. Era extraño, pero
siempre sentí que eran sus ojos los que me sonreían, porque no necesitaba ver
sus labios para saber que estaban curvados hacia arriba. Acaricié el papel de
fotografía que ya estaba un poco arrugado y me sentí otro al estar, aunque
fuera así, con ella.
Le di el último sorbo a mi cerveza y la dejé a un lado para
tomar la fotografía con ambas manos. No estaba seguro de olvidarla algún día y
eso me hacía odiarla y odiarme, porque sabía que necesitaba seguir adelante,
solo tenía dieciocho años y ella nunca volvería a mí.
Quise tomar la segunda cerveza pero ya no estaba. Me giré y
en su lugar vi dos piernas cubiertas en pantimedias negras.
- ¿Qué…? – estreché los ojos al verla sentada a mi lado -,
¿me estás siguiendo?
- ¿Me estás siguiendo tú?
La vi abrir la cerveza y tomar directamente de la botella -
!Ey!, ¡esa es mi cerveza! – me quejé pareciendo demasiado infantil.
- ¿La compraste tú? – me apuntó con la punta, bastante cerca
del rostro.
- No, pero tú tampoco.
- Ahí te equivocas – Cassie se parecería aún más a Emily si
sus cabellos fueran más oscuros, pero los de ellas rosaban en el rubio y su
mirada, tenía esa picardía que mi novia nunca había tenido -, esta cerveza sí
la compré yo así que tú – volvió a apuntarme -, me debes cinco dólares.
- ¿De qué demonios estás hablando? – si antes, había
pensando que estaba chica me llamaba, ahora estaba seguro que era al contrario.
- Te tomaste mi cerveza – se encogió de hombros al mismo
tiempo que volvía a beber. Yo no podía hacer eso -, así que me debes cinco
dólares.
- No te debo nada, y no te creo que cerveza fuera tuya,
estaba en la fiesta.
- La fiesta es en mi dormitorio, la cerveza en mía, no del
barril… yo… - se estremeció con un gesto de asco -, prefiero lo que venga
cerrado.
- Bien, entonces disfruta de tu cerveza.
Me puse de pie lo mejor que permitió mi equilibrio, porque
si de algo estaba completamente seguro era de que debía mantener mi distancia
con esta chica. Me metí las manos al bolsillo y le hice una mueca con los
labios, esperaba que entendiera la despedida, me giré para irme pero ella me
tomó de mi pantalón.
- Espera, se te cayó esto – la vi agachaparse y recoger, de
al lado de mi pie, la fotografía de Emily que hace poco había estado en mis
manos.

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