sábado, 30 de marzo de 2013

Atrévete - Capítulo 3


Ya vamos por el tercer capítulo y esto sigue avanzando.

Beta Reader: Erica Castelo.

Capítulo 3

- Vamos… por lo menos hazlo para que la gente deje de mirarme así – habló con los dientes apretados y solo así fui capaz de caer en la incomodidad de la situación.

- Lo siento – hice lo que me dijo como un autómata.

- ¿Y tu nombre?... te falta tu nombre.

Cuando me perdí nuevamente en sus ojos, supe que era el momento para una retirada, solté mi mano de la suya y retrocedí. Ella notó mi cambio porque también dejó caer su mano y me imitó.

El invierno ya estaba acabando y marzo se acercaba con los cerezos en flor y los días más calurosos, por eso la chica frente a mí, Cassie, llevaba solo una camiseta de mangas cortas que me dejaba ver mis brazos.

Mi Emily tenía un tatuaje en el dorso de la mano izquierda, yo tenía el mismo, era una promesa, un circulo, el símbolo infinito, que no comienza y que no termina, que solo existe. Toqué mi tatuaje por instinto, siempre que me sentía perdido lo hacía, y ahora, ver el dorso de esta chica, me sentí muchísimo más perdido.

- ¿Qué?

Haciendo acopio de mis malos modales, mantuve mi vista fija en su mano y en el pequeño círculo.

- Oh, ¿esto? – seguí sus movimientos mientras alzaba su mano -, es solo algo que hice en clases… Leyes Administrativas no es mi clase favorita y la profesora Kristin Hickman no es muy entretenida que digamos, pero – se encogió de hombros sin intenciones de quedarse callada -, son cuatro créditos y los necesito si no quiero atrasarme.

- ¿No es un tatuaje?

- ¡No! – chilló mientras se llevaba un dedo de su mano derecha a su boca y comenzaba a frotar sobre el circulo que inmediatamente comenzó a difuminarse -. Primero dejo que me agujereen los pezones antes de que alguien queme mi piel con una aguja.

- Lo siento… yo, creo que me siento algo mal y esto ha sido lo suficientemente raro… ¿Cassie? – pregunté y ella asintió -, bueno, pues de nuevo te presento mis disculpas por toparte con un loco en la calle.

- No… está bien, solo…

Vi como sus ojos cambiaron, estos si se parecían a los de Emily y por lo mismo cuadré mis hombros y me preparé para rechazarla. Porque si había algo que sabía reconocer en una mujer, eran sus intenciones de avanzar un paso más, por más pequeño que fuera.

- Tengo que irme.

Solo le di un último asentimiento de cabeza y me di media vuelta siguiendo por la calle Waterhouse pero ahora en dirección al río Charles, cuando pasé por afuera de mi facultad me vi tentado a entrar pero solo un segundo. Finalmente había elegido estudiar educación, en un principio era solo por el recuerdo de Emily y su vocación, pero a medida que más avanzaba en las clases, mas me daba cuenta de que lo amaba y eso me asustaba, porque a ratos, ya no extrañaba tanto a mi difunta novia y el solo hecho de poder llegar a olvidarla, me asustaba como nada.

Caminé directo hasta Memorial Drive, crucé con cuidado y llegué hasta el borde del río, pese a no ser una zona con mirador, a mí me bastaba con sentarme en la escaza línea de pasto que había para contemplar un poco del Océano Atlántico. Me hacía sentirme libre y recordar lo inmenso que era el mundo, algunos miran el cielo… yo miro el mar o lo que sea parte de él.

Cuando los rayos del sol dejaron de darme en el rostro supe que el momento de ir a mi dormitorio, me devolví por el mismo lugar y cuando entré a la escuela, me di cuenta que las clases ya habían terminado, por lo mismo me prometí no volver a faltar.

Apenas entré a mi dormitorio me dejé caer en mi cama, ni siquiera me preocupé de sacarme los zapatos, solo cerré los ojos y apoyé mi brazo derecho sobre mi rostro para no ver nada.

No quería pensar, pero mi mente de a poco se estaba yendo hacía los acontecimientos de esta tarde y…

- ¿Qué mierda haces?, faltaste a clases, Sebastián y el profesor Kegan se dio cuenta, así que más te vale tener una excusa buena para la próxima semana.

- Lo sé, pero hoy no era un buen día para ir a clases – gemí antes de sacar mi brazo de mi rostro. Me costó un par de segundos acostumbrarme a la luz de la habitación -, ¿tomaste apuntes?

- ¡Claro! – a mis pies, Stefan dejó caer su cuaderno con sus notas. Lo tomé pero no lo abrí, solo lo dejé en mi mesa de noche y volví a mi posición.

Lamentablemente no duré mucho en ella ya que ahora fue un cojín lo que aterrizó en mi cama, más bien en mi rostro – Ni siquiera pienses en dormir, esta noche hay fiesta en la Escuela de Leyes y tu vas conmigo.

Me apuntó y me miró de una forma tan malditamente amenazante, que no me sentí capaz de contradecirlo.

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