domingo, 24 de marzo de 2013

Atrévete - Capítulo 1



Bueno, acá está el primer capítulo, espero que les guste!

Beta Reader: Erica Castelo.

Capítulo 1

- ¿Sabes?, creo que me estás ocultando algo.

- ¿Yo? – sin quererlo, aflojé mi corbata, gesto claro de que estaba ocultando algo -, no… solo… ¿hace calor o es idea mía?

Algo desesperado, comencé a mirar por el lugar tratando de buscar algo que ni siquiera sabía lo que era. Me concentré en los sofás de cuero rojo que se encontraban al fondo del restaurante pero ahí solo habían parejas charlando y esperando porque alguna mesa se desocupara para poder comer… nada interesante.

- Amor – volví a poner atención en Emily no bien su mano tocó la mía -, estás realmente extraño, ¿quieres que nos vayamos?

-No, es solo que… - volví a mirar por el restaurante.

El maldito agujero en el medio de mi pecho no se iba, no era un hombre de presentimientos, pero era como si…


Respiré hondo y alejé todos los pensamientos que me estaban ocupando, había planificado esta noche por más de dos meses y no iba a dejar que miedos infundados la arruinaran.

En cuanto me volví a concentrar en mi novia, Emily, me perdí en su mirada. Sus ojos violáceos, eran tan poco comunes como ella, porque aunque para mí fuera la chica más hermosa que había pisado esta tierra, y lo era, su personalidad era lo que encandilaba por completo a todo aquel que la conociera, a sus diecisiete años era voluntaria en el hospital local y ayudaba a los chicos más pequeños de la escuela con tutorías que realizaba los sábados en la mañana, a la hora en la que cualquier joven de su edad prefería dormir.

No la amaba por algo en especial, la amaba por todo lo que era, y por eso, es que me tomó un año completo juntar el dinero para comprar su anillo de compromiso. En un mes nos íbamos a Harvard y aunque nuestros padres ya estaban al tanto de que compartiríamos departamento, yo quería hacer las cosas bien y llevarla a Boston como mi mujer. Por eso, hoy, luego de catorce meses de noviazgo, por fin le iba a proponer matrimonio.

No era fácil tomar la decisión de casarme y aunque por fin había descubierto que esto era lo que de verdad quería, me había entrado el pánico que ella dijera que no, ¿y si ella no quiere casarse?, ¿y si ella quiere tener otras experiencias?, digo, solo tenemos diecisiete años y supongo que es normal querer conocer un poco más de la vida, pero…

¡No!

Yo estaba seguro de esto, amaba a Emily como nunca iba a amar a nadie y hoy le pediría matrimonio luchando con todo porque me dijera que sí, y si decía que no… no, ella dirá que sí, lo veo en sus ojos cuando me mira. Ella dirá que sí.

- Sebastián…

- Estoy bien – la interrumpí mientras le daba un ligero apretón a su mano y trataba de entregarle una sonrisa tranquilizadora -, es solo que creo que hace algo de calor.

- Sí – ahora fue ella quien pasó su mirada por todo el lugar -, quizás si hablamos con…

Metí mi mano al bolsillo para sacar el anillo pero una tanda de gritos me hizo sacarla y apoyarme en la mesa para inclinarme y mirar el origen de ellos. En cuanto vi al hombre sacar su revólver, todos mis músculos se congelaron, me obligué a reaccionar y moverme pero todo pasó tan lentamente, que cuando quise hacer algo, ya el destino había tomado una decisión por mí.

No sé qué pasó primero o después, solo sé, que el cuerpo de Emily cayó sobre mis brazos. Ella estaba tibia pero parecía que poco a poco comenzaba a perder temperatura, la removí y solo cuando sus tan peculiares ojos me vieron, sentí que mi corazón volvía a bombear con normalidad.

- Ey, amor… todo estará bien.

- No lo creo, Sebastián – sus ojos bajaron y yo los seguí, fue un reflejo, pero jamás pensé que me llevaría a encontrarme con una enorme herida que no dejaba de emanar sangre -, ¿sabes que te amo, no?

- No – gemí mientras negaba insistentemente con mi cabeza -, no me hagas esto, Emily… nosotros vamos a…

- No lo digas – sé que supuso un enorme esfuerzo para ella, pero consiguió poner uno de sus ensangrentados dedos sobre mis labios -, guárdatelo… para alguien más.

La sonrisa que me regaló fue tan… ella, llena de vida y alegría, pese a la situación, sus ojos no dejaron de expandir la vida que se le estaba apagando.

- Te amo, Sebastián, recuérdalo.

- Emily, amor – besé su frente, sus mejillas y por ultimo sus labios. Y ahí me quedé, susurrando sobre ellos -, abre los ojos… aguanta, solo…

Sentí sus labios curvarse y eso fue suficiente para que me separara de ella y pudiera verla – Te amo.

Su sonrisa aumentó al mismo tiempo que sus ojos violáceos se cerraban para siempre.

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El día apestaba, hacía calor como nunca y aunque los rayos del sol eran tímidos, yo sentía que me traspasaban por completo.

Debía ser la resaca. Gemí y me tomé la cabeza como un acto reflejo y de la misma forma miré hacia el cielo consiguiendo que algunos pequeños rayos se colaran por en mis ojos.

Gemí más fuerte de lo normal y con la cabeza agachada y los ojos cerrados seguí mi camino, pero la suerte no estaba de mi lado y en vez de avanzar, choqué con algo demasiado blando para ser una muralla.

- Um, perdón – abrí los ojos solo para encontrarme con esos orbes que hacía siete meses no veía.

Los ojos violeta de Emily.
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Chris Abrams.

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